Periodo cruzado

La reconstrucción del convento cruzado - B.Bagatti

Comienza así un nuevo periodo en la historia de Tierra Santa. Debido a las difíciles condiciones de vida en la región de Belén, los cristianos pidieron ayuda a Godofredo de Buillón, que residía en Emaús. La llegada de los cruzados a Tierra Santa había arruinado definitivamente las relaciones entre musulmanes y cristianos, de forma que estos últimos esperaban con ansiedad la liberación de Belén por parte de los cruzados.

En 1099, cien caballeros capitaneados por Tancredo, conquistaron la ciudad, que, a partir de entonces, vivió un siglo de oro, puesto que se intensificaron las relaciones con Europa a través de peregrinaciones e intercambios comerciales. Los cruzados dieron también un nuevo aspecto a la ciudad, erigiendo un monasterio para los Canónigos de San Agustín (el actual convento franciscano), a quienes fue confiado el servicio litúrgico de la basílica y la acogida de los peregrinos; a los ritos orientales se les concederá la posibilidad de celebrar su propia liturgia.

El 24 de diciembre de 1100, Balduino I fue coronado primer rey de Jerusalén en la Basílica de Belén. Desde entonces, la ciudad dependerá directamente del Patriarca de Jerusalén y se convertiría en sede episcopal y capital diocesana.

Entre 1165 y 1169, por voluntad del obispo Raúl, se procedió a la restauración de la basílica, con la contribución económica del rey cruzado Amalarico I y del emperador de Constantinopla, Manuel Porfirogeneta Comneno, como se evidencia por el peregrino Focas. Esta colaboración constituyó un claro signo de unidad entre la iglesia oriental y la occidental. La derrota cruzada de Hattín (Galilea) en 1187 a manos de Saladino (Salah ad-Din ibn Ayyub) provocó una nueva ocupación de Belén. La comunidad latina que residía en la ciudad abandonó Belén, volviendo diez años más tarde, cuando los musulmanes permitieron a los latinos reanudar el culto mediante el pago de un alto tributo.

Con toda seguridad, la historia de Belén, como la de todos los lugares santos, tuvo un punto culminante en el viaje que Francisco de Asís, junto a otros doce frailes, emprendió hacia Oriente en los años 1219-1220. Es muy probable que Francisco de Asís llegara a Belén, porque la tradición siempre ha transmitido el especial cariño que el santo profesaba por la imagen del nacimiento, pero el detalle no está confirmado por ninguna fuente. Sí es del todo cierto que Francisco desembarcó en el puerto de Acre junto con los cruzados y se dirigió a Egipto, a la corte del sultán Al-Kamil al-Malik; éste, impresionado por la personalidad del santo, le concedió un salvoconducto para transitar por Palestina.

Algunos de sus compañeros, que ya habían llegado a Palestina en años precedentes, se quedaron al servicio de la Iglesia en estas Santas Tierras. Como fruto de las dos treguas, una entre el emperador Federico II y el Sultán de Egipto y otra entre el Rey de Navarra y el Sultán de Damaso, Belén pasó al Reino Latino de Jerusalén durante los años 1229-1244, poco más de un decenio, puesto que, en 1244, la invasión de los corasmios en Palestina desestabilizó nuevamente el territorio.