Los Franciscanos y Belén

Gruta de la Natividad

Los frailes menores, llegados ya a Tierra Santa a comienzos del siglo XIII, se establecieron definitivamente en Belén en 1347, en el convento de los Canónigos de San Agustín, que habían sido expulsados por los mamelucos. Así lo acredita Fray Nicolás de Poggibonsi, que llegó a Tierra Santa precisamente en aquel año. El sultán donó a los «frailes de la cuerda» (como se les recuerda en las crónicas y documentos antiguos) la propiedad de la Basílica y de la Gruta de la Natividad.

Los otros ritos cristianos obtuvieron el permiso de celebrar sus respectivas liturgias. A partir de esta época, los franciscanos fueron los representantes del rito latino en Belén y en otros santos lugares. En 1479 se acometió la obra de restauración del tejado de la basílica, gracias a la laboriosidad del Hermano Guardián Juan Tomacelli.

La madera, proporcionada por Felipe III de Borgoña (Felipe el Bueno), fue transportada desde Europa en naves venecianas, mientras que el plomo fue donado por Eduardo IV de Inglaterra, como se evidencia Fray Francisco Suriano.

Presencia franciscana en Belén

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