La plaza

La plaza

En la época constantiniana, sobre la actual plaza se levantaba un gran atrio porticado que, como espacio abierto y amplio, daba acceso a la basílica. Así lo confirmaron las excavaciones, que sacaron a la luz la planta de la basílica del siglo IV.

Delante de la entrada a la basílica se encontraron algunas cisternas, cuyas embocaduras son todavía reconocibles entre las losas del pavimento. Recogían el agua de lluvia para usarla en los ritos litúrgicos y para la vida cotidiana de los monasterios.

Actualmente, la plaza está cerrada por un muro perimetral que recorre todo el lado sur hacia el oeste. En este punto, abierto hacia la población, existió un amplio portal que servía como entrada a todo el conjunto constantiniano y delimitaba así el espacio sagrado del espacio civil.

La existencia de este portal, ahora inexistente, queda atestiguada por los restos de los cimientos excavados y por los dibujos de Bernardino Amico (siglo XVI) y de Mayer (siglo XVIII).

La plaza