En el Antiguo Testamento

Re David

En el Antiguo Testamento, la ciudad de Belén es citada 44 veces, muchas de ellas con el nombre de «Belén de Judea», por la tribu a la que pertenecía, para distinguirla de la localidad homónima de la tribu de Zabulón, en Galilea. La primera vez que Belén aparece en la Biblia es en referencia a Raquel, esposa de Jacob, que murió en las cercanías de la ciudad al dar a luz a Benjamín, “el hijo de la vejez”. Fue enterrada en el camino que va de Jerusalén a Belén (Gn 35,19). Debe recordarse también la historia de Noemí, esposa de Elimélec: tras vivir en la tierra de Moab, ya viuda volvió a Belén acompañada por su nuera Rut. Esta última se casó con Booz y de esta unión nació Obed, padre de Jesé y abuelo de David (Rt 4,17). En efecto: una de las grandes glorias de Belén reside en haber sido lugar de nacimiento de David, que fue consagrado como rey de Israel en sustitución de Saúl por el profeta Samuel por orden de Dios (1Sam 16,1-14). David, el más pequeño de sus hermanos, fue elegido por designio del Señor. Su encanto e intrepidez lo convirtieron muy pronto en un personaje importante para el reino, de forma que llegó a ser rey de los judíos. Por esta razón, Belén es llamada también “la ciudad de David”. Pero la verdadera grandeza de Belén radica en haber sido la ciudad donde nació Jesús, Mesías e Hijo de Dios. Ya el profeta Miqueas lo había profetizado con estas palabras: «Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales» (Mq 5,1). El Mesías, según el profeta Miqueas, además de nacer en Belén, tenía que ser descendiente de David según la carne. Pues bien: precisamente en los alrededores de Belén nació el idilio entre la moabita Rut y Booz (Rt 2,8-22). De su matrimonio nació Obed, padre de Jesé, que fue padre de David, a cuya estirpe pertenecía José, el esposo de María y padre putativo de Jesús.

 

En el Nuevo Testamento