El estupor: los pastores de Belén

Giotto, Navidad, detalle-Basílica Superior de Asís

Los primeros destinatarios de la revelación celestial fueron unos pastores, hombres sencillos abiertos a la fe. Los pastores se convierten en receptores de la revelación, pero también en mediadores del mensaje que sus oídos han escuchado. Son representantes del pueblo de Israel: por ellos se comunica la alegría a todo el pueblo. Los evangelios nos hablan de los pastores como hombres anónimos que guardan sus rebaños con fidelidad y dedicados a su trabajo, ajenos al nacimiento del Niño.

El acontecimiento celestial entra inadvertido en la vida cotidiana, sencilla, sobria y desencantada de estos hombres. Los pastores acogieron con fe el mensaje del ángel y fueron sin demora hacia Belén, donde reconocieron el signo que se les había revelado. En este sentido, los pastores prefiguran la acción evangelizadora de la Iglesia apostólica y la de cualquier tiempo. El ángel como mensajero de una Buena Noticia aparece a menudo en la tradición bíblica.

La reacción, aquí como en otros muchos casos, se manifiesta en el temor, un temblor sagrado frente a la realidad absolutamente incomparable, sobrehumana y ‘totalmente otra’ de Dios. Pero el ángel reconforta a los pastores: «no temáis» (Lc 2,10), porque su anuncio comporta una realidad destinada a suscitar la gran alegría del nacimiento del Salvador esperado. El ángel reveló a los pastores que encontrarían al Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre: ése será el signo que hará que los pastores reconozcan al Mesías.

Este aspecto con el que Jesús eligió encarnarse contradice la imagen del Salvador del pueblo de Israel, perteneciente a la estirpe de David. Aquí, ante los ojos de los pastores, se presenta un recién nacido que además está en un lugar insólito, un pesebre. Este signo pone de relieve el hecho de que Dios realiza sus proyectos de forma distinta a como lo esperan los hombres. Dios, que elige siempre a las personas más sencillas para manifestar su poder y para manifestarse a su pueblo, también aquí prefiere el camino menos apabullante para manifestarse al hombre.

El poder de Dios es tan grande que el hombre no lo llega a entender; por eso Dios elige hacerse cercano y similar al hombre, para hacerse reconocible por el propio hombre.

El estupor: los pastores de Belén