La adoración: los Magos

Giotto, Adorazione dei Magi, particolare-Cappella degli Scrovegni, Padova

Los Magos procedentes de Oriente se dirigieron a Palestina porque estaban convencidos de que había ocurrido algo prodigioso, el nacimiento del Mesías: «hemos visto salir su estrella» (Mt 2,2). Con toda probabilidad, estos hombres habían entrado en contacto con la cultura judía y las tradiciones bíblicas y populares referentes al Mesías.
La llegada de los Magos desde Oriente es narrada solamente por Mateo (Mt 2,1-12). Se pueden distinguir en el relato hasta seis escenas: las tres primeras se desarrollan en Jerusalén y las otras tres en Belén de Judea. De forma sintética, los episodios de la narración quedarían así:
• El viaje de los Magos y su llegada a Jerusalén;
• Herodes conoce el viaje de los Magos;
• Encuentro entre el rey y los Magos;
• Los Magos se ponen en camino hacia Belén;
• Los Magos encuentran al Niño y le ofrecen sus regalos;
• Marcha de los Magos hacia su casa a escondidas de Herodes.

Pero, ¿quiénes eran estos Magos llegados de Oriente? La tradición siempre los identificó como sabios que conocían las ciencias astronómicas y que sabían leer los signos de los astros en relación con acontecimientos importantes para la historia de la humanidad. Los Magos poseían capacidades espirituales superiores, su cultura antigua y milenaria procedía de Arabia o también de África oriental, lugar en el que algunos Padres de la Iglesia (San Justino de Nablus y San Epifanio de Eleuterópolis) sitúan su origen geográfico.
La estrella que les acompañó manifiesta una importante circunstancia astronómica que nos permite leer de manera histórica el nacimiento de Jesús. Científicamente, la estrella que los Magos vieron y siguieron era una supernova, es decir, la explosión de una estrella ya al fin de su vida; este fenómeno debió de representar para ellos el signo de que algo importantísimo había ocurrido en la historia de la humanidad. Algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes, defienden esta coincidencia entre evento natural y hecho divino, mientras que otros Padres sostienen que la estrella fue un fenómeno extraordinario fijado por Dios.
En cualquier caso, la lectura de la narración de los Magos deja claro que la estrella tuvo una función simbólica y de anuncio, en cuanto que acompañó a los Magos y les indicó el camino para llegar a la Gruta. La luz de la estrella ilumina el camino de los Magos y marca simbólicamente el camino para llegar hasta Jesús, encontrarlo, reconocerlo y adorarlo.
Llegados a la Gruta, los Magos se postraron con espíritu de adoración ante el Niño, anunciado como rey pero manifestado ante ellos bajo la apariencia de una criaturilla colocada en un pesebre. Los Magos adoraron a Jesús y le honraron con los dones dignos de rey que llevaban. Permanecieron atónitos ante aquella imagen, pero el acto de fe que les animó a reconocer en aquel niño a un rey es la experiencia que todo peregrino debe hacer cuando llega a Belén.

Giotto: escena de los Magos y de la estrella.
Los regalos de los Magos son elementos típicos de la Arabia nabatea, especialmente el incienso, que es una resina procedente de la zona subdesértica. Estos dones, que simbolizan la realeza de Jesús, suponen el cumplimiento de las palabras del salmista: «los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones» (Sal 72,10). El oro significaba la elevada posición social y el poder político de un rey; el incienso representa la dignidad divina de Jesús como rey mesiánico y sacerdote; la mirra, usada en la tradición judía para el enterramiento de los cuerpos, recuerda la muerte y la sepultura de Cristo.

Los Magos son así, en los relatos evangélicos y en la tradición cristiana, figuras de gran interés, veneradas y recordadas en sus reliquias, que fueron trasladadas a la iglesia de San Eustorgio de Milán (Italia) y llevadas después a la Catedral de Colonia (Alemania) en 1164.

La Huida a Egipto
El evangelio de Mateo, en su segundo capítulo, narra las circunstancias de la huida de la Sagrada Familia desde Belén a Egipto.
Este éxodo constituye para nosotros un hecho histórico relacionado con la persecución ordenada por Herodes el Grande, que trataba de matar a Jesús.
En esta ocasión, José, el padre terreno que había protegido la vida del Niño Jesús, huyó llevándose consigo a María y a su hijo. Inspirado en sueños por un ángel, marchó hacia Egipto, donde, según la tradición, se refugiaron durante seis meses en el monte Qusqam, acogidos por los habitantes del lugar. De este modo, la tierra de Egipto, que hospedó a Jesús en su primera infancia junto a su madre María y al padre José, puede ser considerada como Tierra Santa, en cuanto que fue lugar de paso y de la presencia de Nuestro Señor.
Finalmente, tras una nueva aparición del ángel en sueños anunciando a José la muerte de Herodes, la Sagrada Familia retornó a la tierra de Israel.

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