La fiesta de Navidad el 25 dicembre

Santo Niño de Belén

En estos tiempos la fiesta de Epifanía, que incluía el doble misterio del Nacimiento y Manifestación del Señor a las gentes, se celebraba el 6 de enero como manifiesta el Leccionario Armenio (y a los cuarenta días la presentación de Jesús en el templo).

Pero, entrado el siglo V, esta fiesta se anticipó cuando el obispo Juvenal (421-452) de Jerusalén, siguiendo el uso litúrgico de otras iglesias, introdujo la fiesta de Navidad el veinticinco de diciembre. Esta innovación encontró resistencia en Jerusalén pues muerto Juvenal deja de celebrarse la Navidad el veinticinco de diciembre y vuelve a festejarse Santiago, obispo de Jerusalén, al rey David, como era costumbre y lo atestigua el Leccionario Armenio.

Hay que esperar hacia el 567/8 a que surtieran efecto la carta del emperador Justiniano (561) sobre las fiestas de la Anunciación y Navidad a los responsables de la Iglesia de Jerusalén y el edicto del emperador Justino II (564/5) para ver establecida en Jerusalén la fiesta de Navidad el 25 de diciembre de un modo definitivo como atestigua el Leccionario Georgiano de Jerusalén (de los siglos V-VIII). Según este documento litúrgico a la hora sexta del día veinticuatro, esto es, a las doce del mediodía, la comunidad de Jerusalén se encaminaba al Ovil o Campo de los Pastores. En esta estación litúrgica se leía el Evangelio del anuncio del Ángel a los Pastores, la ida apresurada de estos a Belén, la adoración del Niño y su vuelta al Campo (Lc 2,8-20). Inmediatamente después la Comunidad, emulando a los Pastores, se dirigía a la Ciudad de David y atravesando la pequeña llanura y subiendo el montículo donde estaba situada la ciudad entraba en la Gruta de la Natividad y hacía el oficio vespertino con la lectura del Nacimiento de Jesús según el Evangelio de san Mateo (1,18-25).

A media noche se celebraba una vigilia con salmos, lecturas bíblicas y cánticos cuyo vértice era el Evangelio de san Lucas (2,1-7) que narra también el Nacimiento de Jesús, cómo fue envuelto en pañales y recostado en el pesebre. Hacia el alba, se celebraba la divina Liturgia o Eucaristía. El alba era saludada con el Evangelio de la Epifanía o Manifestación a las gentes; se leía el Evangelio de san Mateo (2,1-23) que conmemora la Visita de los Magos, la huida a Egipto, la matanza de los inocentes y la vuelta de Egipto.

Navidad en Belén

13.30 - Entrada y Vísperas
16.00 – Procesión
23.30 - Ufficio delle Ore
00.00 - Misa de S. Navidad
1.45 - Procesión a la Gruta de la Natividad

Epifania

P. Custodio en procesión con el Niño Jesús

Las primeras fuentes litúrgicas (Itinerario de la peregrina española Egeria y el Leccionario Armenio de Jerusalén, que transmiten usos litúrgicos de los siglos IV-V) nos dan noticias de la celebración de la fiesta de Epifanía.
La fiesta de Epifanía coincidía entonces con el inicio del año litúrgico que se inauguraba con una celebración el día 5 de enero hacia las cuatro de la tarde en el Lugar de los Pastores no lejano a Belén. Se empezaba cantando el salmo 22 que dice: "El Señor es mi pastor: nada me falta".

Seguía el aleluya: "Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño" (Sal 79,1). Estos cantos preparaban el ambiente a la proclamación del Evangelio de san Lucas (2,8-20) con el que se celebraba el anuncio de la Buena Nueva del Ángel del Señor a los pastores, el himno de Gloria y Paz del coro de los Ángeles, la ida de apresurada y gozosa de los Pastores al lugar del Nacimiento y su regreso al Campo, que la tradición no ha dejado de llamar Ovil o Campo de los Pastores, precisamente por estos acontecimientos. Al Evangelio seguían once lecturas del Antiguo Testamento, que demostraban cómo la Providencia divina había preparado y dado a conocer con antelación la venida del Mesías. Los fieles contemplaban el Plan de Salvación y se disponían a celebrar el misterio de Navidad.

Después de este diálogo familiar del pueblo congregado con la Palabra de Dios se pasaba a la celebración de la Eucaristía cantando el cántico de Daniel (3,52a-90), se leía a su tiempo el Evangelio de san Mateo (2,1-12) con el cual se recordaba la peregrinación de los Magos venidos de Oriente a adorar al recién nacido Rey de los judíos, su encuentro con Herodes, el seguimiento de la Estrella, la adoración y ofrenda de dones y el regreso por otro camino a su país.

Esta reunión vespertina era celebrada juntamente por las comunidades de Belén y de Jerusalén. Pero una vez terminada, el obispo de Jerusalén volvía con los suyos pues tenía que celebrar la liturgia en la Ciudad Santa. Los de Belén, en particular clero y monjes continuaban en vela en la Basílica de la Natividad o de Santa María hasta el alba cantando himnos y antífonas.

Al día siguiente, fiesta de Epifanía, la Comunidad de Jerusalén leía durante la eucaristía, celebrada en la iglesia catedral del Martyrium, el Evangelio de san Mateo (1,18-25) que narra cómo sucedió el nacimiento del Emmanuel, Dios con nosotros. El mismo Evangelio se leía, con toda probabilidad, en el lugar del Nacimiento del Señor.

Durante los ocho días que duraba la celebración de Epifanía las dos ciudades vecinas experimentaban igual alegría y se vestían de inigualable esplendor. Los paramentos del clero lucían bordados de oro y seda, los edificios eran cubiertos por suntuosos cortinajes y la iluminación de antorchas y lámparas de todo tipo iluminaban las vigilias festivas que saludaban el nacimiento del Señor de la Luz. El, Sol de Oriente, se manifestaba a todo el mundo como gozoso pregonero del Alba.

Epifanía en Belén

10.00 - Misa Solemne del P. Custodio S. Catalina
15.30 - Vísperas y Procesión Solemne a la Gruta de la Natividad

Otras fiestas

28 de diciembre: Santos Inocentes
1 de enero María: Madre de Dios (en la Gruta de la Leche)
30 de septiembre: San Jerónimo
24 de noviembre: Santa Catalina