Jerónimo, 385-419

Jerónimo

Epistulae ad Paulinum, 395 dC

Jerónimo es una de las personalidades más importantes que vivieron en Belén, en el lugar de la Natividad. Allí se retiró a partir del año 386 para traducir la Biblia Vulgata a petición del papa san Dámaso. Su vida consagrada en Belén lo convierte en singular testigo de la tradición del lugar al que Jerónimo se sentía especialmente vinculado por su profunda e íntima reflexión sobre la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo.

Lugar de la Encarnación

Pero, viniendo al pueblecillo de Cristo y a la posada de María, pues al fin y al cabo cada cual alaba mejor lo que posee, ¿con qué palabras, con qué expresiones podremos describirte la cueva del Salvador? ¿Y aquel pesebre en que de pequeño dio sus vagidos? Mejor será venerarlo en silencio que ensalzarlo con pobre discurso. ¿Dónde están aquí los espaciosos pórticos? ¿Dónde los artesonados de oro? ¿Dónde las casas embellecidas a costa de los castigos de los miserables y el trabajo de los condenados? ¿Dónde están las basílicas construidas a manera de palacios con las riquezas de los particulares, para que este vil cuerpo humano se pasee con mayor suntuosidad? Como si hubiera algo más bello que el universo, prefieren contemplar sus propios techos antes que el cielo.
Aquí, en este pequeño agujero de la tierra, nació el Creador de los cielos. Aquí fue envuelto en pañales, aquí fue contemplado por los pastores, aquí lo señaló la estrella, aquí fue adorado por los magos. Este lugar, creo yo, es más sagrado que la roca Tarpeya, la cual, fulminada muchas veces desde el cielo, da bien a entender cuánto haya disgustado al Señor.
Jerónimo, Carta 46,11

La adoración de Júpiter en tiempos de Adriano en el Lugar Santo

Desde los tiempos de Adriano hasta el imperio de Constantino, por espacio de unos ciento ochenta años, en el lugar de la resurrección se adoraba una estatua de Júpiter, y en la peña de la cruz una estatua en mármol de Venus, puesta allí por los paganos, pues pensaban los promotores de la persecución que, si profanaban los santos lugares con ídolos, nos quitarían la fe en la resurrección y en la cruz.
Belén, ahora nuestra, el lugar más augusto del orbe, aquel del que dijo el salmista: la verdad nació de la tierra (cf. Sal 84,12), estuvo bajo la sombra de un bosque de Thamuz, o sea, de Adonis, y en la cueva donde en otro tiempo Cristo niño dio sus vagidos se lloraba al amado de Venus.
Jerónimo, Carta 58,3

J. BAUTISTA VALERO (ED.), San Jerónimo, Epistolario I (BAC, Madrid 1993).