Anónimo de Piacenza (570)

Itinerarium placentini

Un peregrino anónimo, probablemente originario de la ciudad italiana de Piacenza, narra su viaje al Próximo Oriente durante los años 560-570 dC. En su descripción de los lugares santos de Belén, este peregrino nos ambienta también en otros lugares de culto próximos al lugar de la Natividad, lugares vinculados a la tradición judía que atestiguan lal Historia de la Salvación. Entre ellos enumera el Herodion, la Tumba de Raquel, los monasterios que rodean la Gruta y la Gruta en sí misma.

En el camino que va hacia Belén, a unas tres millas de Jerusalén, se encuentra la tumba de Raquel, en los confines del lugar llamado Rama. En ese mismo lugar, a mitad de camino, vi cómo manaba lentamente agua de una roca, según mis cálculos unos cuatro litros; de allí todos cogen agua para beber y el manantial ni crece ni mengua. Esa agua tiene un gusto increíblemente suave y cuentan que es porque Santa María, cuando huía a Egipto, se sentó en aquel lugar y tuvo sed, y por eso manó esta agua. Allí hay ahora una iglesia construida recientemente.

Desde aquel sitio hasta Belén hay unas tres millas. Belén es un lugar bellísimo; hay allí muchos siervos de Dios. En la gruta donde nació el Señor se encuentra el pesebre, adornado con objetos de oro y plata; hay también lámparas encendidas día y noche. La entrada a la cueva es muy angosta. En esta misma entrada, el presbítero Jerónimo esculpió una roca y allí mismo hizo su propio sepulcro, donde después sería enterrado.
A una media milla de Belén, en las afueras, existen dos tumbas: en una reposa David y junto a él descansa su hijo Salomón. Aquella basílica se llama "ad Sanctum David". Los niños que fueron asesinados por Herodes están enterrados, todos juntos, en aquel lugar; si se abre la tumba se ven sus huesos.
En los alrededores de Belén se encuentra un monasterio rodeado por una muralla, en el que vive una comunidad muy numerosa de monjes.