Interior de la basílica





En su interior, la basílica ha conservado todos los elementos arquitectónicos del siglo VI. El emperador bizantino, cuando examinó el proyecto, no aprobó las opciones tomadas por el arquitecto y lo acusó de haber malgastado el dinero, condenándolo a la decapitación. A pesar de la insatisfacción del emperador, la estructura ha demostrado ser muy sólida, ya que ha llegado íntegra hasta nuestros días.

En la época constantiniana, el suelo estaba totalmente cubierto por mosaicos finamente trabajados, tal como mostraron las excavaciones financiadas por el gobierno inglés en 1932. Estos bellos mosaicos ofrecen decoraciones geométricas y florales.

Entre todos ellos, destaca el que se conserva a la izquierda del presbiterio: levantando la trampilla de madera, se puede observar el acrónimo ΙΧΘΥΣ(pez, en griego), que los primeros cristianos utilizaban para expresar el nombre de Cristo. Actualmente, el pavimento de la basílica consiste en un sencillo enlosado de piedra común, pero en la época bizantina estaba hecho a base de losas de mármol blanco con vetas muy acentuadas; de ellas queda algún ejemplo en la zona del transepto norte. El piso constantiniano presentaba una inclinación en ligera pendiente con respecto al actual, que es, además, cerca de un metro más alto que el original. El espacio interior, dividido en cinco naves mediante hileras de columnas, resulta oscuro y poco iluminado.

En el siglo VI, la basílica debía de estar totalmente recubierta de mármol: quedan todavía algunas huellas de orificios encontrados en los muros revocados en yeso, orificios que servían para anclar las losas de mármol a las paredes. Las filas de columnas, que hoy llegan a la altura de la zona absidal, en la antigüedad continuaban hacia el este, de forma que creaban un deambulatorio alrededor de la Gruta de la Natividad.

Este tipo de estructura arquitectónica fue muy empleada en varios lugares santos, especialmente para los «martyria»: según la costumbre, el peregrino daba un determinado número de vueltas en torno al lugar y adquiría así la gracia deseada. Las columnas y sus capiteles, realizados en piedra roja de Belén, son las originales de la época bizantina y obra de artesanos locales. Los capiteles, de fina factura, estaban coloreados de azul. En los fustes de las columnas figuran imágenes de santos orientales y occidentales, religiosos y laicos. También los arquitrabes son de la misma época, pero las decoraciones datan del periodo cruzado y guardan muchas semejanzas con sus contemporáneas del Santo Sepulcro.

Los lienzos altos de los muros de la nave central presentan decoraciones musivas de gran calidad, del siglo XII, obra de maestros orientales. Estos mosaicos están divididos en tres secciones horizontales que representan, de abajo hacia arriba, la genealogía de Jesús, los concilios y los sínodos locales y, ya en lo alto, una procesión de ángeles. Por un testimonio griego del siglo IX se sabe que, antes de estos mosaicos, existían otras decoraciones musivas de la época bizantina.

Entre esas decoraciones, la citada fuente griega recuerda especialmente una representación de los Magos llegando a Belén para adorar al Niño, que decoraba la fachada. Resulta así curiosa la crónica que habla de los soldados persas que invadieron la ciudad en el 614 d.C.: atemorizados por la visión de dicho mosaico, no se atrevieron a saquear la basílica, que resultó indemne. El episodio se le informará mediante la adición de elementos milagrosos, como en la historia del peregrino Jean Boucher.

Los transeptos, que todavía conservan el piso en mármol original de la época bizantina, están hoy decorados con iconos y mobiliario litúrgico de las tradiciones greco-ortodoxa (transepto derecho) y armenia (transepto izquierdo). En esta última sección se conservan también decoraciones musivas de escenas evangélicas hábilmente elaboradas.


Interior de la basílica